Hemos navegado por Malta, Sicilia, Cerdeña, Túnez y España, pero el Jónico tiene algo especial. Aquí te contamos por qué es nuestro rincón favorito del Mediterráneo para vivir en un velero.
Un mar tranquilo
Lo primero que sorprende es la calma. Las islas protegen esta parte del mar y casi no hay oleaje, así que se navega suave y sin sustos. Es perfecto si nunca has subido a un velero o si te da un poco de miedo marearte.
Por las mañanas suele haber poco viento y por la tarde entra una brisa que nos lleva tranquilamente hasta la siguiente cala.



Islas muy cerca unas de otras
Entre Meganisi, Kalamos, Kastos, Atokos e Ítaca hay muy pocas millas. Navegamos un par de horas al día y el resto del tiempo es para bañarse, hacer snorkel, comer y pasear por los pueblos.
Así, en una semana da tiempo a conocer varias islas sin pasar el día entero navegando.
Pueblos, tabernas e historia
Cada isla tiene su carácter. Ítaca es la isla de Ulises, el héroe de la Odisea de Homero. En Kastos y Kalamos el tiempo parece haberse parado: un puerto pequeño, cuatro casas y una taberna. Y en Porto Leone, en Kalamos, se puede pasear por el pueblo que quedó abandonado tras el terremoto de 1953.
Nos encanta parar en los pueblos de pescadores, comprar en la tienda de siempre y cenar pescado en una taberna junto al agua, como la de Katomeri, en Meganisi.

Sol y buen tiempo
De junio a septiembre los días son largos y soleados, y el agua está buenísima para bañarse. En junio y septiembre hace menos calor y hay menos barcos; julio y agosto son los meses más animados.
¿Te vienes a conocerlo?
Algunas semanas al año compartimos el Eau d’As con quien quiera vivir unos días a bordo con nosotros. No hace falta saber navegar: solo ganas de mar y de naturaleza.
Mira nuestras rutas por el Jónico o escríbenos y te contamos cómo es la vida a bordo.